martes, 5 de mayo de 2015

¿Y a los guías? ¿Qué nos queda?

El año anterior, -luego de estudiar durante “un mes” (apenas 4 martes de septiembre), un curso sobre Gestión del Patrimonio, en la sede Palacio Noel, del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco-, me planteé la siguiente cuestión: ¿Qué me va a suceder, cuando no tenga elementos para ejercer mi labor?.
La cátedra, a cargo del Licenciando Carlos Fernández Balboa (Museólogo e Intérprete del Patrimonio), clara y concretamente, me ayudó a entender este panorama; lo que sucede está relacionado con una monopolización del “producto turístico alegre”, dejando el “cultural y patrimonial” en un segundo plano.
Es decir, se plantea una división, en la que se piensa en productos relacionados con el ocio (exagerados y/o armados desde los gustos masivos), por sobre algunos que describen un aspecto socio-cultural acerca del lugar al que se viaja/visita.
Y, francamente, Turquía no puede existir turísticamente a causa de una telenovela, ni se puede explotar hasta la última gota de vino del Cuyo, para seguir brindándole a la región poder turístico e internacional. Tampoco se puede almacenar las capacidades máximas de los lugares a visitar, por más bellos que sean, como, según Fernández Balboa, ocurre en los miradores de las cataratas del Iguazú, donde ya no hay lugar para apreciar de cerca el paisaje.
Es así, que el Licenciado utiliza una palabra para englobar todos estos desafíos a enfrentar; la GESTIÓN. Todo lo que se planifique debe ser realizado desde la GESTIÓN. Necesitamos gestionar, movilizar los proyectos, desde la GESTIÓN.
Pero, ¿para qué los Guías precisamos saber sobre GESTIONAR, si apenas ocupamos un rol minoritario en el Turismo?
He aquí la respuesta. Independientemente de cómo queramos llevar adelante nuestra labor, también tenemos que saber cómo poder ejercerla cada vez mejor. Es por eso que la GESTIÓN nos ayuda a tener un conocimiento amplio sobre lo que Guíamos, antes del OCIO: sobre PATRIMONIO y CULTURA.
Y, sencillamente, sin Cultura no hay Turismo. Es decir, no podemos pretender que una sociedad pueda exponerse turísticamente ante el mundo, si no existen elementos culturales que describan a esa sociedad TAL CUAL ES, y sin ningún aspecto frívolo, o en la mayoría de los casos, inventado y sacado de la galera.
Sin embargo, es de conocimiento masivo los rebuscados intentos del Turismo, por frivolizar la situación. Por ejemplo, hablar de un “atractivo turístico” sin hacer antes la posible escisión entre lo “atractivo” y lo “turístico”; para ello, propongo utilizar el término “Lugar” (Spot, en Inglés), como sustantivo y equitativo, utilizando dichos adjetivos, para su diferenciación.
Entonces, se entiende por “atractivo”, que el lugar per se produce una atracción emocional hacia el turista, en resumen, es aquel lugar que no tiene ninguna descripción más de la que brindan las emociones. Ejemplo: La Cordillera de los Andes.
En cambio, “turístico” es lo descriptible del lugar, histórica y geográficamente. Es decir, se trata de cualquier lugar que, como guía de turismo, puedo brindar la información correspondiente, desde cómo y en qué marco histórico fue construida, hasta ubicarlo en un espacio geográfico determinado. Ejemplo: Teatro Colón.
Los únicos elementos que pueden ser atractivos y turísticos al mismo tiempo, hasta ahora, son las obras de arte, porque tienen un marco histórico y social, están ubicados en un lugar determinado, sea el de origen o el del museo correspondiente, pero a su vez, precisan del entendimiento que cada turista le provea, al apreciar tal obra.

Entonces, ¿a los guías? ¿qué nos queda?; Claramente, nos queda mucho por aprender y por hacer del MUNDO, un lugar TURÍSTICAMENTE mejor.